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“La situación de derechos humanos en China es cada vez peor”


Chen Guangcheng, el activista chino de derechos civiles y abogado invidente que vive exiliado en Estados Unidos, considera que “la situación de los derechos humanos en China es cada vez peor”.nota7

Chen Guangcheng, el activista chino de derechos civiles y abogado invidente que vive exiliado en Estados Unidos, considera que “la situación de los derechos humanos en China es cada vez peor”.

En una entrevista con Efe, Chen Guangcheng, cuya espectacular huida en abril de 2012 de su Shandong natal, en donde permanecía bajo arresto domiciliario, provocó una de las mayores crisis diplomáticas entre China y EEUU, opina que China necesita “despertar”, entender que los derechos humanos son la clave para el desarrollo sostenible del país, lo que por ahora parece muy lejano.

En 2005, cuando Chen interpuso la acción popular contra las autoridades chinas por la aplicación excesiva de la política de “un-solo-hijo” que le llevaría a la cárcel, la “catástrofe” demográfica ya se había consumado: “Es demasiado tarde”, insiste hoy, más de una década después.

La decisión del Gobierno chino de permitir desde el pasado año a las parejas tener hasta dos vástagos es insuficiente: “El sistema de control demográfico en China no se ha modificado, lo único que ha cambiado es que se pasa de un hijo a dos”, denuncia Chen.

El daño para el futuro del gigante asiático ya está hecho: “problemas sociales”, desigualdad demográfica y una presión psicológica brutal para los primogénitos para triunfar en la vida y poder cuidar de sus mayores.

Para Chen, una de las voces más esperadas en la conferencia sobre derechos humanos “College Freedom Forum”, organizada por la Human Rights Foundation en Guatemala, el envejecimiento poblacional provocado por esta medida es ya irremediable y tendrá un “impacto” innegable en la economía del país, lastrada en los últimos meses por una fuerte desaceleración.

Esta crisis económica no ha hecho más que alimentar las dudas en una población cada vez más consciente de sus derechos: “La gente está despertando”, asegura sonriente el activista, quien desde 2012 reside en Estados Unidos, en cuya embajada en Pekín se refugió tras escapar, con ayuda de su sobrino Chen Kegui, del arresto domiciliario en el que permanecía desde 2010.

“La verdadera razón -del “despertar”- es el desarrollo de Internet y el acceso de la población a información”, asegura.

El control de la educación, utilizada durante décadas por las autoridades para imponer sus propias ideas, ya no es suficiente; la batalla se libra ahora en la red.

“Las autoridades comunistas intentan controlar Internet. Están gastando una gran cantidad de dinero y contratando a mucha gente para controlar, pero al mismo tiempo la gente utilizada la tecnología para saltarse los controles. No hay demasiado que puedan hacer”, subraya.

Es a través de Internet y las redes sociales como los habitantes de la China continental reciben con entusiasmo la resistencia que llega de Hongk Kong: “las protestas allí han tenido un impacto, por eso las autoridades quieren controlar lo que pasa en Hong Kong. Porque lo que pasa en Hong Kong está enviando un mensaje al resto de China”, subraya Chen.

Una lucha, la de la defensa por la autonomía y por los derechos adquiridos por la excolonia británica, que se ha convertido en una inspiración para miles de ciudadanos chinos, una realidad que “atemoriza” a las autoridades chinas: temen que se “pueda extender”.

“Si la gente de Hong Kong es capaz de conectar con la gente de la China continental y trabajar conjuntamente para avanzar hacia la democracia no hay manera de que los autoridades los puedan detener”, arguye orgulloso el activista.

En los últimos meses, la represión contra los activistas ha aumentado: al menos cinco libreros de Hong Kong desaparecieron en misteriosas circunstancias de la isla a finales del pasado año y fueron detenidos posteriormente en China acusados de llevar a cabo “prácticas ilegales”.

Tres de ellos serán liberados en cuestión de días, poco después de que protagonizaran una confesión televisada: “Todo el mundo sabe que es una farsa”, insiste Chen.

Desde julio del año pasado, al menos 300 personas han sido detenidas y “la mayoría permanecen en prisión”, asegura el activista.

Chen, uno de esos defensores de los derechos humanos a los que su lucha le impide volver a su país, teme que la situación siga empeorando en China.

“La situación de las minorías es extrema”, advierte.

Los uigures, de religión musulmana, son unas de las víctimas de esta persecución que también afecta a la mayoría “Han”: “La situación se está volviendo crítica en China”. Para todos.